Piratas del capitalismo cognitivo

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La película ‘Piratas de Silicon Valley‘ es un film de sobremesa basado en la novela Fire in the Valley: The Making of a Personal Computer que narra los inicios de los imperios Machintosh y Windows a través de algunos de sus encuentros y desencuentros. No es una gran película, de hecho podemos considerarla una película hasta cierto punto mediocre, pero me gustaría comentar un fragmento que me parece glorioso. Y no porque aparezca Steve Jobs ni tampoco porque se caricatuiza el semblante de ambos protagonistas hasta el punto de confundirse con una comedia de sobremesa. No. Rescato este fragmento porque ilustra casi a la pefección muchos de los cambios que se han dado en las formas de trabajar de la época contemporánea y, de manera más concreta, en la emergencia del ‘trabajador creativo’ y su relación con la denominada ‘new economy’.  Sólo este fragmento de poco más de dos minutos, esconde varias ideas que son la imagen encarnada del capitalismo cognitivo. Comento algunas:

00:09- Steve Jobs “Tenemos cultura, ellos no. No tienen gusto ni un pensamiento original

Con esta frase, Steve Jobs busca tranquilizar a uno de sus empleados que percibe como amenazante su decisión de dejar entrar al equipo de Microsoft en las oficinas de Apple. Jobs tiene claro que no hay nada que temer, que un equipo de informáticos asépticos y faltos de cultura corporativa no es capaz de absorver los conocimientos realmente productivos. La cultura corporativa se presenta como el elemento clave de una empresa de base creativa, como la esencia productiva de un entorno donde el capital más preciado es el imaginario y las ideas compartidas por sus trabajadores. Para conseguir una cultura corporativa productiva -o eso dicen los manuales- hay que crear espacios cómodos, entornos que fusionen el espacio de trabajo con el tiempo de ocio creando situaciones en las que los trabajadores se sientan ‘como en casa’. Tal vez eso responde la pinta de adolescente con la que aparece Steve Jobs. Esa misma fórmula, la de situar en la cultura corporativa el secreto del éxito, es la que usaron los economistas Nonaka y Takeuschi en su libro “The Knowledge Creating Company” para dar respuesta a una de las preguntas que nadie lograba resolver ¿Cómo pudo Japón pasar de una gran crisis a ser una de las potencias económicas emergentes más importantes?. La solución estaba en los conocimientos de los trabajadores, en las estrategias para extraer esos conocimientos tácitos y convertirlos en conocimientos explíticos. Se trataba de cambiar el modelo de producción, de pasar de la cadena de montaje lineal y mecánica con trabajadores asaliariados especializados en una sola tarea, a un modelo donde todo empleado estaba invitado a participar en brainstormings creativos para diseñar nuevos productos. Un modelo que extraía valor de una fuente que hasta el momento parecía permanecer en la invisibilidad: el cerebro colectivo.

01:16- Steve Jobs “¿Eres pirata?” Empleado “Sí, por supuesto Steve, llevo 52 horas seguidas despierto

El pirata como el trabajor creativo inagotable, como el trabajador sin límites de horario que, más allá de verse como un empleado explotado o como un autónomo autoexplotado, ve esa intensidad como una forma de antagonismo. Del mito del sujeto trabajador como sujeto digno, pasamos al trabajador creativo que invierte todo su tiempo en una tarea que se describe como revolucionaria, como una actividad capaz de transformar el mundo, como una actitud ajena a la esencia del capitalismo. Steve jobs hace uso de la palabra ‘pirata’ como un calificativo honroso, como la categoría que mistifica la autoexplotación de sus empleados. El ‘pirata’ autoexplotado que aparece en esta secuencia ha de estar a la altura de la batalla y responde a Jobs dando buena cuenta de que tiene la lección aprendida “Sí, por supuesto Steve, llevo 52 horas seguidas despierto”. Ser un mero desarrollador de software es un trabajo cualquiera, ser un ‘pirata de machintosh’ es una labor trascendente que no entiende ni de horarios, ni de salarios ni de siestas. Como relataban Boltansky y Chiapello en su “Nuevo espíritu del capitalismo“, las críticas al capitalismo que exclamaban el éxodo del trabajo mecánico y rutinario y que ensalzaban ‘la creatividad al poder’, aquellas que buscaban la abolición de los procesos de alienación, encontraron un maquiavélico aliado en las formas de trabajo del capitalismo tardío. El ‘pirata’ se encuentra con una contradicción: su actividad antagónica, al margen de la acumulación de capital y del benficio desenfrandado, se convierte a su vez en un ser obediente que se siente realizado en su puesto de trabajo. La figura clásica del capitalista, aquel empresario que buscaba aumentar la productividad de su fábrica siguiendo la hoja de ruta marcada por la ciencia del trabajo, muta en la figura del emprendedor joven, creativo y vitalista que busca ‘formar una gran familia’ en lugar de una plantilla de trabajadores. Si el trabajador se implica, si se siente identificado con la empresa y con sus ‘valores’, sin duda será más productivo. En definitiva, esta secuencia describe de manera sintética uno de los mejores goles que nos marcó el postfordismo.

02:22- Steve Jobs “Ya no basta con tener empleados normales, tienen que embarcarse en una cruzada. Es como el arte, la ciencia y la religión unidas en un solo ente

Esta secuencia habla por sí sola. La idea básica es que “No somos simples trabajadores, somos artistas”. Si uno de los lemas del colectivo vanguardista Fluxus fue Arte = Vida, aquí se hereda la misma operación pero sumándole un nuevo elemento, Arte = Vida = Trabajo. El trabajo ya no es un medio para obtener una condiciones materiales que le permitan a uno vivir, el trabajo es la vida misma, es la expresión viva de tus creencias y tus deseos. Mientras Jobs suelta esta frase, está plegando una camiseta que ha regalado a sus empleados que lleva estampada la frase: ’90 hours a week and loving it’. Es decir, me mato a trabajar y me mola. A parte de lo mucho que esta contradicción comparte con uno de los últimos eslogans de Macdonald’s, poco más que añadir. Por otro lado, esto nos ayuda a entender la necesidad acuciante y tan creadora de ansiedad que padecemos a la hora de construir una marca personal asociada a nuestro trabajo. El branding de nuestra existencia, de nuestras conversaciones, relaciones, reflexiones, etc. es la forma de capitalizar una producción continua, una manera estresante de intentar gobernar lo ingobernable creando una marca que lo compile todo. Andrew Ross, en su libro “Nice Work if You Can Get It” explica cómo la creciente precarización del trabajo creativo (pero, en general, todo tipo de trabajo) ha venido endulzada por una identificación con el mismo, por una sujeción al trabajo basada en ‘lo bien que lo pasamos trabajando‘ o ‘lo mucho que me identifico con mi curro’. Sobre este tema, Jaron Rowan escribió un artículo en sigueleyendo donde lanza varias claves sobre esta extraña relación entre placer y trabajo con un título sugerente basado en un remix de Bartleby “preferiría no hacerlo, pero me gusta tanto!”. Y como cierre del tema, también recomiendo el texto “be creative under class” de maria ptqk, donde se analizan los síndromes, síntomas y engañifas del trabajo creativo.

Son sólo unas cuantas citas de las muchas que podríamos extraer de este breve fragmento, pero dejo abierto a quien se anime a participar en esta extraña y perversa diversión..disculpad si no recomiendo la película, no sé si ya es tarde, pero no quisiera pecar de cinismo.

 

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