¿Comunidades para arreglar los fallos del mercado?

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barroso_socialinnovation

Hoy he estado dando una clase en el “Máster en Investigación y Experimentación en Diseño” de la BAU (gracias a Jaron Rowan  por la invitación). Espero que para los alumnos haya sido interesante, para mi ha sido muy útil y un gusto pensar juntos. Era un grupo joven de estudiantes, iniciados en algunos temas, con ganas y con muy buenas intuiciones. Y lo más importante: con buena actitud para problematizar sus posiciones. Ojo, que esto no pasa siempre. Ya no digo en las aulas, me refiero a la vida, en general. El caso es que ha sido una buena sesión en la que he intentado situarles el debate político que esconde la innovación social. El marco crítico del que parte el Máster era perfecto para eso.

Su perfil profesional no es sencillo. Supongo que, intentando dedicarse al diseño, les han surgido preocupaciones sociales que quieren articular con su trabajo. Y que intentarán que no sean una serie de valores “añadidos” o “supeditados” a su perfil profesional o parte de un nuevo espíritu de empresa “más social”. Querrán que su trabajo sea una práctica “socialmente transformadora” que perdure y que no esté subordinada a un mercado injusto. Les llamarán diseñadores sociales. Les llamarán emprendedoras sociales. Y eso les produce un montón de contradicciones.

Ya existen mercados del diseño social ahí fuera esperando a expertos, consultores y cazatendencias que sepan cómo funcionan “las prácticas sociales emancipadoras”. Y que las repliquen en otros contextos, y que acompañen a las “comunidades de afectados” y que sean los nuevos colonos. Más mercancías ficticias para un ciclo nuevo de bonanza económica. Ese mercado del diseño social les produce cortocircuitos. Les produce incertidumbre porque lo que quieren es crear “una alternativa a lo que tenemos”. Sospechan que igual se están amoldando a ese ciclo nuevo que se muestra hacia fuera como un mercado más social y más innovador pero que por dentro está relleno del mismo tipo de acumulación por desposesión que ya han conocido. Seguir leyendo ¿Comunidades para arreglar los fallos del mercado?

Independencia ideal, libertad material

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Artículo originalmente publicado en El Diagonal

No soy indepe. Y no por una cuestión emocional o identitaria, sino por una cuestión material. Reconozco sentir algo de vergüenza ajena cuando ser indepe viene justificado por sentirse “muy no sé cuantos”. ¿Un conjunto de emociones encontradas son el motivo para levantar una nueva arquitectura de instituciones que intenten determinar, facilitar o reprimir decisiones comunes? Por el mismo motivo, me da pereza máxima el argumento del unionismo patrio que se apoya en el sentirse “muy no sé qué”. ¿En serio?¿una emoción, un Estado?. No hago parodia. Hay posiciones fundadas en argumentos random como “hay algo en la historia de España a la que me siento ligado y forma parte de mi” (dijo el ilustrador Juanjo Sáez) o en no querer “que me hagan elegir entre Miró y Velázquez” (dijo el político Iceta). Chispeante.

Dejando atrás las guerras cultural-nacionales, mi principal problema es que nunca sé a qué libertad nos referimos cuando hablamos de la independencia de Catalunya. Sin ironía. No tengo ni idea. De ser un Estado, las dependencias de Catalunya serían como las de cualquier Estado europeo. Catalunya no es singular ni especial. ¿Lo es?. Casi diría que la intervención del aparato institucional catalán ha logrado erosionar algunas marcas de distinción catalanas. Más que hacerla especial, la han vulgarizado. Pienso, por ejemplo, en la insistente promoción institucional de una identidad cultural hegemónica muy particular que ha omitido el imaginario republicano y obrerista catalán. Las estructuras (culturales) del Estado (autonómico) ya han producido pérdidas de diversidad. Ni te cuento lo que harán unas “estructures d’Estat” que dependan de ese rumbo institucional.
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Innovación social: ¿más sociedad o más mercado?

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En este artículo, escrito junto a Joan Subirats, presentamos diferentes perspectivas entorno al concepto innovación social. Parece bastante claro que hay una creciente recuperación y resgnificación de todo lo que tiene que ver con empoderamiento personal y colectivo. Y este proceso no lo podemos imaginar al margen del debate más amplio sobre el papel del Estado (como concepto que engloba de manera general el conjunto de poderes e instituciones públicas) en las sociedades contemporáneas. En efecto, la globalización económica y la desterritorialitzación que genera (en las relaciones entre poder y capital financiero y capacidades reguladoras de unas instituciones públicas precisamente definidas por su alcance y soberanía territorial), hace que las relaciones y los conflictos sociales se den de manera más directa, sin las capacidades de intermediación y redistribución que acostumbraban a tener los poderes y las instancias públicas.

Las principales preguntas que buscamos responder con este artículo son: ¿qué orientación política supone cada una de las perspectivas que hay sobre la innovación social?, ¿la innovación social es una nueva “tercera vía” entre estado y mercado?, ¿la innovación social es más sociedad o más mercado?

Acceso al artículo completo en academia.edu: Innovación social: ¿más sociedad o más mercado?

Receta para conseguir el voto joven: menos Youtube y más democracia

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Comparto esta entrevista que me han hecho en Playground

Para los jóvenes la política es tan aburrida y mortecina como el Señor Burns. Según las encuestas, los nuevos partidos como Barcelona En Comú o Ahora Madrid atraen más a este sector social, pero no tanto como se esperaba.

¿Son estas formaciones como un señor Burns intentando hacer colegas? ¿O son el inicio de una transformación?

Según Ruben Martínez, investigador del Instituto de Gobierno y Políticas Públicas (IGOP), colaborador de Barcelona En Comú y miembro del consejo de Podem Cataluña, los jóvenes siguen sin identificarse con los partidos políticos, pero las nuevas candidaturas les miran, e interactúan con ellos, de una forma distinta.

Todas las ideas que comenta pertenecen a una investigación colectiva elaborada por el IGOP para el Centro Reina Sofía para la Adolescencia y la Juventud, que se publicará en breve.

¿Crees que sólo por ser una fuerza política nueva los jóvenes se sienten identificados con Barcelona En Comú? Las encuestas dicen que no mucho…

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“Todos somos contingentes, pero tú eres necesario”

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Aquí dejo el vídeo con la charla en ZEMOS98 sobre poder y libertad basada en algunas películas y material audiovisual. Entre otras, Network, Amanece que no es poco, A few good men, El Manantial, Our Daily Bread, LEGO, The Century of the self, Mystique determinado y algunas piezas más. Se trata de un Código Fuente Audiovisual, lamentablemente el último del festival ZEMOS98 ya que ésta ha sido la última edición debido a la desatención de las instituciones públicas.

Nunca me había puesto tan nervioso días antes de hacer una charla, pero nunca había disfrutado tanto haciendo una. Los nervios se fueron al salir al escenario, pero sobre todo, al oir la presentación de mi querido Felipe. Un troleo amoroso mítico.

Acompaño las películas hablando del poder soberano, el poder disciplinar, las prácticas de gobierno basadas en la normalización, los procesos de liberación y, ya al final, del asalto institucional.

Para un resumen de los contenidos y las fuentes de este Código Fuente Audiovisual, recomiento este artículo de Marta Peirano en eldiario.es, muy bien documentado y más preciso que mi propia charla.

la cultura cuenta

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Artículo escrito con Marcelo Expósito, ambos como miembros de la Coordinadora del Eje Cultura de Guanyem Barcelona. Publicado originalmente en eldiario.es. 

“La cultura cuenta”. Así lo afirmaba James D. Wolfensohn en 1999 cuando, siendo presidente del Banco Mundial, impulsó una concepción de las políticas culturales como recurso para el desarrollo económico. Desde entonces hasta ahora, hemos asistido a la creciente aplicación internacional de parámetros económicos neoliberales a la producción, distribución y consumo de bienes y servicios culturales. Pero antes del cambio de siglo, la cultura venía cumpliendo también una función dinamizadora en ciertos modelos neoliberales de desarrollo urbano y regional. En suma, hace varias décadas que la cultura ha venido sirviendo como instrumento para gobernar nuestras sociedades y para mercantilizar nuestras ciudades. No escasean los ejemplos cercanos. Ahí tenemos las diversas políticas culturales que después de la Transición Democrática sirvieron en España para construir un imaginario de modernización socialdemócrata, en Cataluña para reforzar un esencialismo identitario nacionalista y en Barcelona para rehacer la ciudad y hacer de ella una marca.

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Los guardianes de la excelencia

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artículo publicado en Nativa

En la cultura siempre hay guardianes de la excelencia. Creen ser los custodios de los valores que nos constituyen como seres civilizados o como seres modernos. Los amos del calabozo. Aparecen una y otra vez de manera cíclica pero con pintas diferentes. Qué sería de nuestras vidas sin esos tutores morales. Qué sería de nuestra piel si esos guardianes de la excelencia no nos dijeran cómo debemos cultivarnos.

«Hoy en día, existe también una Nueva Derecha que habla de excelencia, de valores humanistas, con el mismo aire; que ve manifestaciones menores como muestra de ‘anarquía’ y ‘caos’ a las que opone en nombre de la razón, la cultura, la educación». Esto escribía Raymond Williams en The Spokesman, en 1970. Un año antes, en Manchester, hacía una conferencia con las mismas reflexiones acompañadas con un nivel de cabreo milimetrado. Ese tipo de cabreo que exigen las cosas que uno considera importantes. Entre otros, las palabras de Williams iban dirigidas a Mathew Arnold, uno de los grandes exponentes de la teoría cultural burguesa. Es curioso. Más que cabreo, he sentido un escalofrío al volver a leer esas críticas de Williams. Retomo el episodio del que nacía esa reacción frontal de Williams hacia Arnold, creo que es bastante revelador.

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El comunitarismo liberal y la innovación social

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Comparto una nota breve sobre una de las ideas que van surgiendo en la elaboración de mi tesis doctoral sobre “políticas de fomento de la innovación social: Entre cambios en las relaciones de poder y procesos de
sobreexplotación en la gestión comunitaria
”  Sé que el título es largo y farragoso, pido disculpas por mi falta de creatividad divulgativa. Se trata de algo en lo que estoy trabajando y más que una conclusión, es un elemento que va marcando bastante el camino de la investigación. Dicho en breve, tiene que ver con la preeminencia del comunitarismo liberal en las prácticas de innovación social. Tomando la película “El Manantial” de King Vidor como pretexto, en un texto anterior intentaba situar qué es el comunitarismo liberal. En ese caso el objetivo era otro, así que explico la idea con más detalle esperando que esa definición vaya tomando su propia forma.

Para esta investigación, estoy entrevistando tanto a espacios de coworking de emprendedores sociales, espacios urbanos autogestionados, colectivos y empresas que centran su actividad en responder los principales problemas de la agenda social, departamentos de políticas públicas, plataformas de defensa de derechos y organizaciones privadas que fomentan la emprendeduría social. En conjunto, formas de responder demandas sociales donde, así se expresa, lo público-estatal o el mercado hegemónico no parecen actuar con eficacia. Esa es una de las maneras con las que se suele definir la innovación social. Es a partir de un primer análisis de las 50 entrevistas que llevo realizadas en Barcelona y Madrid donde va emergiendo con fuerza una “nueva” institucionalidad: el comunitarismo liberal.

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“Dejadnos hacer política con la cultura”

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Artículo publicado en eldiario.es

En 2008, un pequeño grupo de personas del sector cultural se manifestó delante del Teatre Kursaal de Manresa (Barcelona) durante la entrega de los Premis Nacionals de la Cultura de Catalunya. El entonces consejero de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, hizo un gesto que dejó boquiabierto a todo el mundo. Acabada la ceremonia, bajó a hablar cara a cara con quienes le increpaban por elegir a dedo al director del Centro de Arte Santa Mónica, espacio ubicado al final de Las Ramblas de Barcelona.

Los manifestantes esgrimían que esos modos de hacer eran una forma de secuestrar el debate sobre la función pública de la cultura en la ciudad. El conseller aguantó estoicamente todas las interpelaciones y contestó una por una a todas las preguntas.

Dejando a un lado esa actitud sorprendente en un político, dispuesto a dar explicaciones de primera mano, lo relevante fue uno de sus argumentos clave. Para justificar su decisión, Tresserras fue directo a la rebaba de las políticas culturales. “Dejadnos hacer política”, dijo. O lo que es lo mismo, ¿acaso no es legítimo que el conseller de Cultura haga política con la cultura? Se supone que alguien designado para pensar e implementar políticas de lo considerado “cultural” debería poder hacer justo eso.

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La innovación social es de clase media

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Artículo originalmente publicado en Nativa.cat

Hemos escuchado con insistencia absurda que la crisis es una oportunidad. Si uno se para a contar las veces que ha oído eso es posible que sean tantas como el típico “¿qué tal va todo?” o incluso el “buenos días”. También es cierto que depende del numero de conferencias TEDx que hayas visto en directo o en youtube, en ese caso, el número se dispara a lo loco.

El sustento de esta afirmación a veces se decora con una argumentación bastante bizarra: “crisis, en japonés, también significa oportunidad”. He escuchado varias veces esa frase acompañada con un tono entre turbio y pedante. Algo tipo “no habías pensado en el japonés mientras ves cómo desahucian a la gente, verdad chaval?”. Creo que todos tenemos ese tipo de manías que, por su nivel de tontería, son inconfesables. Una de las mías es que no soporto cuando se acude a la etimología de otros idiomas para argumentar un proceso político de escala macro o cuando se empieza un texto con una definición de la RAE. Como si hubieran instituciones neutras que contienen dosis de verdad atemporales de las que puedes echar mano para explicar el carácter de una crisis sistémica. Es una tontería. Seguro que no todo el mundo que acude al japonés para analizar cualquier cosa es una mala persona. Manías.

El caso es que hace unos días me saludaba de nuevo esta frase. Fue durante una conversación con una de las personas que coordina el Hub Madrid, un espacio de trabajo compartido ubicado en el Barrio de las Letras. En esta ocasión, la frase salía para ser desmentida. La coordinadora de comunicación del Hub Madrid me decía: «que la crisis es una oportunidad muchas veces sirve para disfrazar los niveles de precariedad que padecemos quienes intentamos encontrar una forma de autoempleo digna. La crisis es lo que es, pero hacemos lo que podemos para poder vivir en todo tipo de condiciones». Hice tres pliegues con mi prejuicios, los apreté fuerte con las dos manos, me los tragué y seguí escuchando. Pensé que en este espacio de co-working de emprendedores sociales situado en un barrio céntrico encontraría el típico discurso insulso, de pensamiento feliz, acomodado y cargado de optimismo emprendedor. Y no fue así. Seguir leyendo La innovación social es de clase media

Blog de Rubén Martínez Moreno