La participación ciudadana: procesos de emergencia política en la esfera cultural

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Este texto se escribió después de una sesión de trabajo organizada por la Direcció General de Participació Ciutadana de la Generalitat de Catalunya y coordinada por Indicultura Mundial (empresa formada por Ferrán Farré y Jordi Oliveras de Indigestió) – a quienes agradezco mucho la invitación-. El objetivo de la sesión era contribuir a la confección del Libro Verde para la mejora de la participación ciudadana pero, de manera más específica, una de las premisas de reflexión que se proponía en esta sesión era “promover un proceso de reflexión orientado a un mayor empoderamiento de la ciudadanía en relación a la cultura”. Durante esa sesión lancé una serie de ideas que ahora me propongo desplegar y que -afortunadamente- se vieron afectadas por lo que entre todos y todas intercambiamos durante la sesión en las que también participaban Rafa Milán, Eduard Miralles, Christian Añó, Lídia Dalmau (de Sinapsis) y Nando Cruz.

1. Introducción

De entrada, creo necesario remitirme al origen que es a su vez producto final de esta y otras muchas sesiones que se están desarrollando: el Llibre Verd de la qualitat democràtica. La crisis de representación política que se ha venido desarrollando durante las últimas décadas es un hecho irrefutable. Tal vez haya varias maneras de explicar porqué los niveles de participación en las urnas cada vez que la democracia nos cita nunca han sido excesivamente altos a nivel europeo. Y tal vez exista la intuición de que fomentar otras parcelas de participación ciudadana pueden equilibrar el nivel de desconfianza que progresivamente ha ido adquiriendo la clase política. En principio, entiendo el estímulo que guía estos procedimientos de consultoría sectorial en busca de pensar modelos de participación e incluso intentar conformar una especie de think tank descentralizado que arroje sus ideas al diseño de un Libro Verde para ese fin. Pero una mirada microscópica nos revelará que ese desconfianza no solo genera una crisis representativa, sino que es a su vez estímulo para diseñar desde la propia ciudadanía otros modelos de organización política; formas de intentar subvertir la normatividad y producir heterogeneidad.

Podríamos resumir esto como una acuciante sensación de que las políticas bottom up intentan describir su propia lógica y su propio ámbito de actuación y que progresivamente se ven más alejadas de las políticas top down. He aquí el nudo de la crisis representacional: la difícil articulación de este doble proceso es la que se ha intentado desarrollar con las políticas de gobernanza que se llevan diseñando desde bien entrados los 90s y principios del 2000 en Europa[1]. Resumiendo mucho todo este proceso, el Llibre Verd de la qualitat democràtica[2] sería el último episodio de este trayecto que intenta fomentar procesos de participación con los que interpelar a la ciudanía. Más allá de todo este marco, el objetivo es centrarnos en el ámbito cultural y -aunque siempre es un difícil ejercicio, ese de “fijar la mirada” en un sector diluido en tanto que se produce y reproduce en toda la esfera social- poco a poco, voy a intentar remitirme a fenómenos de autorganización que se desarrollan en el campo de la producción cultural.

2. Fomentar la participación VS optimizar los procesos que ya se dan

No son pocos los pensadores y pensadoras que se refieren al paradigma actual como un momento de difícil gobierno y de inútil comparación con las formas de organización (tanto productivas como políticas) que se dieron durante la época industrial. Que “algo está cambiando” es una sensación que seguro todos y todas compartimos, lo difícil es saber cómo y hacia dónde dirigimos exactamente este proceso de cambio. En el marco del denominado Capitalismo Cognitivo[3] se están desarrollando fórmulas por parte del mercado y del Estado para intentar gobernar lo ingobernable y extraer renta de una nueva fábrica que ha desmoronado los procesos de producción y organización clásicos: la fábrica social. En esta nueva esfera de producción, el conocimiento ya no sólo tiene lugar en las universidades o en los departamentos de I+D del sector privado, sino que el recurso más preciado en el actual sistema económico los producimos todos y todas colectivamente. Los niveles de innovación emergente[4] que se dan en contextos de cooperación social, en zonas que antiguamente estaban al margen de la cadena de montaje fordista, desbordan completamente cualquier medida, cualquier proceso de cómputo clásico de “lo productivo”. Bajo esa otra lógica sin medida circulan procesos que en ocasiones se mantienen en un “afuera” del marco institucional, siendo algunos producto de miradas discordantes respecto al status quo, empujados por el deseo de producir autonomía.

Pero la economía de mercado ha detectado estas cuencas creativas, y ha diseñado procesos que pueden no sólo absorver la creatividad que generan[5] sino intentar integrar este cerebro colectivo como parte de su producción creando protocolos de participación regulares. Un caso muy claro es el uso del crowdsourcing[6], primo aventajado del outsourcing. Este proceso “participativo” apela a la creatividad de toda la sociedad para solucionar un problema o contestar a una demanda específica de un cliente. Cada vez aparecen más empresas que buscan aprovechar la arquitectura de la web 2.0 para apelar a la contribución creativa o a la solución técnica de cualquiera que quiera tener la “oportunidad” de introducirse en esta dinámica de “participación”[7]. Un ejemplo absolutamente pornográfico de estas dinámicas de extracción de renta de la creatividad social es el Fiat Mio[8], una plataforma online que invita a todo el mundo a lanzar sus ideas para imaginar el coche del futuro, que tanto apela a los deseos de quienes envían sus comentarios como a la capacidad imaginativa de todo aquel/aquella “que desean continuar dando nuevas ideas para la evolución de los automóviles”. El problema no se queda en saber si estos procesos son más o menos participativos o si fomentan en mayor o menor medida la cooperación o la democratización del mercado[9], el tema principal es detectar quién capitaliza esa producción, quién se beneficia económicamente a la vez que intenta legitimar sus procesos de captura argumentando una mayor apertura de su modelo empresarial. Sin poder analizar detenidamente este proceso, podemos ver claramente que estos usos del crowdsourcing no buscan otra cosa que la extracción de I+D a bajo coste (gratuito) y forman pare del último coletazo de la precarización del trabajo.

Sin querer hacer una analogía respecto a estas tácticas del mercado, vemos cómo las instituciones culturales también están siendo atravesadas por estos cambios estructurales, y se han centrado en reflexionar respecto al papel que se cede a esta “ciudadanía cultural” que ya no solo consume, sino que produce conocimiento y valor[10]. Es el caso de centros como el CCCB, que en estos días ha realizado junto al Citilab de Cornellà una serie de talleres dirigidos a instituciones culturales para pensar maneras de inscribirse en esa lógica 2.0. Este no es un evento descontextualizado, sino que se inscribe en la naturaleza del programa ICi del CCCB y el CCCB_lab, programas desde los que se intenta pensar la manera de inscribir formas más horizontales de concebir la producción cultural. Uno de los grandes retos -tal vez colateral- es cambiar el modelo organizativo clásico de la institución cultural, cuestión complicada, sobretodo si pensamos en el carácter micro de estas propuestas más innovadoras y su difícil porosidad en la totalidad de la coyuntura administrativa. Esto describe un proceso que se lleva a cabo desde la institución, un intento de diseñarse al ritmo de lo que actualmente acontece[11]. Un proceso legítimo, necesario y que no está conducido por otra mentalidad que el sentido común, pero que viaja a rastras -como no podía ser de otra manera- de procesos que se dan fuera de los muros institucionales, procesos que buscan un devenir instituyente[12], una emergencia de patrones de organización, relación y producción que pueden experimentar “desde abajo” una normatividad que más que inspirarse, acontece en el interior mismo de la fábrica social. Para no tropezar con abstracciones, describiré brevemente un proceso que ha tenido lugar hace poco en Barcelona y que se inscribe como práctica instituyente dentro del campo cultural, el [:D]evolution Summit.

3. Caso de estudio: [:D]evolution Summit

Antes de explicar qué es y cómo funcionó el [:D]evolution Summit[13] es necesario narrar un poco el programa al que buscaba responder, es decir, el European Forum on Cultural Industries [14]. Por lo tanto y para (por una vez) respetar el protocolo tradicional, antes de lo instituyente, viene lo institucional.

El European Forum on Cultural Industries se presentaba como el evento más relevante en materia cultural dentro de la presidencia europea española (y, si nos guiamos por la suma de partidas presupuestarias, sin duda debería serlo). Estas jornadas que incluían una cumbre de ministros de cultura europeos, intentaban sostener la tesis que las Industrias Culturales y, por ende, los derechos de autor, son una fuente de riqueza económica irrenunciable y un motor de desarrollo económico y social. En este marco, la todavía Ministra de Cultura Ángeles González Sinde, divulgó las ideas que se llevan tiempo fraguando desde el Ministerio de Cultura y que tanto rechazo social y desencuentros con diferentes segmentos profesionales han ido recolectando. El pliegue de debates y conferencias en este marco oficial venía regido por lo que se entiende ya como una limitación de las posibilidades de difusión, cooperación y producción en la red (la ley Sinde[15]) y las ideas que postula el “Libro Verde de las Industrias Creativas”[16], una fórmula renovada de articular el potencial económico de las tradicionales Industrias Culturales[17]. Estos modelos aseveran que la forma de sustentar económicamente el tejido empresarial del ámbito cultural ha de basarse en la explotación de los derechos de autor, creyendo férreamente que la exclusivización del conocimiento y la creatividad es el único modelo posible para su desarrollo.

Esto enlaza con la creencia de que tan solo una economía de mercado basado en la competitividad, la escasez y el interés individual puede asegurar un crecimiento del modelo económico actual. Un dogma neoliberal que a día de hoy, no hace más que mostrar su incoherencia y su falta de solvencia, teniendo en cuenta la crisis sistémica a la que esta supuesta naturaleza económica nos ha empujado[18]. El modelo de las industrias del copyright (llamémoslas por su nombre) no parece caer en la cuenta que exclusivizar el conocimiento no es otra cosa que cercar la producción que se genera colectivamente.

Este proceso es el que el pensador postautonomista Yann Moulier Boutang ha denominado como cercamientos digitales, es decir, una maniobra de privatización del procomún que el autor enlaza con el origen del capitalismo[19]. Y es precisamente esa reivindicación, la del carácter colectivo de esta producción basada en la cooperación social (no comercial ni económica) y el debilitamiento del procomún lo que se buscaba contextualizar en el [:D]evolution Summit organizado por Red-SOStenible[20]. En este evento paralelo se puso en marcha una máquina de producción descentralizada que en sí misma fue una demostración de lo que postulaba. Diversos colectivos, espacios, organizaciones culturales, profesionales de ámbitos sociales, políticos y sectoriales pusieron en marcha este evento de puesta en cuestión y, lo que es más importante, producción de discurso que se desarrolló de manera paralela al congreso oficial. Este cerebro colectivo tuvo la capacidad de transmitir en directo diversas charlas y conferencias emitidas en streamming, hacer análisis de lo que se decía dentro del congreso oficial (gracias a gente infiltrada que grababa, editaba y narraba lo ocurrido), lanzar campañas virales por la red[21], realizar acciones en la calle para transmitir socialmente su mensaje y conseguir impacto mediático.

Una de las figuras que tal vez resume de manera más directa el espíritu del [:D]Evolution Summit es Michel Bauwens, teórico de las redes y del peer-to-peer que forma parte del la P2P Foundation[22]. Bauwens estuvo en el congreso oficial y a su vez participó en el [:D]Evolution Summit, y en ambos lugares defendió cómo las tecnologías P2P son el subsuelo que actualmente se está construyendo para un nuevo paradigma socio-económico [23]. Bauwens detecta cómo el mercado está intentando acomodarse en esta nueva lógica (como veíamos en ciertos usos del crowdsourcing) pero asegura que la filosofía P2P es imparable, y que los procesos de cooperación y de búsqueda de otros beneficios más allá del económico a través de modelos sostenibles es ya una realidad pese a que todavía padece los desequilibrios durante este período de transición. Todos estos organismos que parten de la sociedad civil (hemos visto a red sostenible, P2P Foundation pero podríamos sumar otros tantos como Exgae, Public Domain Manifesto, etc.) están generando no una simple respuesta en contra de lo que oficialmente se intenta construir, sino que han creado su propia red de construcción de una nueva institucionalidad que a veces analiza críticamente, a veces pacta o a veces se une estratégicamente con los organismos públicos. Una red que articula investigación, reflexión y acción y que amplía día a día su comunidad.

A mi modo de ver, no hay posibilidad alguna de introducirse o solicitar a esta red que funcione de una u otra manera o que sea representada de una u otra manera o que se adapte a procesos de participación ciudadana de una u otra manera. Esta es una red compleja, basada en la mutua confianza, en valores y formas de producir que emergen en cada proyecto específico, que cuenta con liderazgos y con jerarquías pero que forman parte de un proceso dinámico, cambiante -a veces errático- y que se reconfigura una y otra vez. Este proceso instituyente está en continuo devenir y las instituciones han de optimizarlo o intentar adaptarse a su complejidad más que intentar legitimarse contangiándose de su capital simbólico o a través de reproducir su léxico [24]. Más allá de fomentar la participación ciudadana o intentar generar ciudadanía cultural, se ha de experimentar con alianzas que potencien las políticas bottom up, optimizando los procesos que ya se dan en la esfera social y cultural.

4. Conclusiones

No es mi intención presentar aquí un dualismo (Estado Vs Ciudadanía) ya que carecería de todo sentido en un entorno tan poco dado a la segmentación como el que estamos.  Los organismos públicos, las instituciones, los gobiernos locales, etc. tienen su misión, y su campo de acción ha de entenderse dentro de la gestión de los recursos públicos. Nos haríamos un flaco favor si olvidamos que muchas de sus prácticas y acciones son respuesta a conquistas sociales irrenunciables. La idea es más bien que el intento de codificar y regularizar lo que ocurre de forma a priori caótica y poco ortodoxa en los procesos de autoorganización que acontecen en la esfera social, sea entendido como una maniobra fútil y que no va a acertar en el gobierno de lo ingobernable. Tampoco es demasiado inteligente percibir estas prácticas sociales como un departamento de I+D cuyas ideas pueden aplicarse a planes ya existentes o vincularlas a procesos de gestión que les ofrecen “participar” o “la oportunidad de formar parte de”. Es una realidad en sí misma, es un proceso de puesta en cuestión y formación de nueva ciudadanía imparable, y las estructuras de gestión de la Administración deberían pensar maniobras que optimicen este caldo de cultivo. En el ámbito de la producción cultural, esto se presenta de manera especialmente interesante, ya que la transición en la que actualmente se encuentran las Industrias Culturales tradicionales debilitadas por la incoherencia que a día de hoy arrastran los protocolos legales y jurídicos (derechos de autor, propiedad industrial, etc.) debería corresponderse con un momento de experimentación y búsqueda de alianzas más que a una continua criminalización de los usos sociales y culturales del conocimiento.

La posibilidad de cartografiar este territorio difuso, de esta red cambiante con nodos dinámicos y modos de organización complejos puede ser una posibilidad para entender mejor lo que está ocurriendo en estos procesos de innovación emergente. Esto pasa por una renuncia a su gobierno a la vieja usanza o el diseño de  nuevos procesos de gobernanza, que por bienintencionados que sean no cuentan ni forman parte de estas redes de confianza y de cooperación guiadas por el mutuo acuerdo, por la cooperación entre pares.
Esta renuncia sería del todo positiva, pasando del intentar gestionar al intentar comprender y potenciar lo que está ocurriendo en los márgenes o en el afuera institucional [25]. La defensa del procomún y el rechazo frontal de su cercamiento, no es un frente hostil, es una oportunidad inmejorable para pensar otros modelos económicos de pequeña escala, otros modelos que presentan soluciones en su práctica y posiciones interesantes en su reflexión.

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[1] Como buen ejemplo, el Libro Blanco lanzado por Bruselas en el 2001 centrado en el marco estratégico para una nueva Governance a nivel Europeo www.ec.europa.eu/governance/white_paper/en.pdf

[2] http://www10.gencat.cat/drep/AppJava/cat/ambits/participacio/debat/que_es.jsp

[3] Para una contextualización de ese marco de análisis del capitalismo tardío mirar el libro “Capitalismo Cognitivo” de la editorial Traficantes de Sueños. Se puede descargar en http://traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/coleccion_mapas/capitalismo_cognitivo_propiedad_intelectual_y_creacion_colectiva

[4] Innovación emergente es un término que YP lanzamos en nuestra investigación “Innovación en Cultura” y que describe procesos de producción colectiva que se dan en un contexto generando externalidades positivas en su entorno. Estas externalidades no tienen porqué ser mercancías ni necesariamente vienen dadas por “eventos culturales”, sino que constituyen un flujo de saberes y de maneras de hacer que inciden de manera positiva en la esfera local. Para una definición más desarrollada del témino innovación emergente, se puede descargar la investigación en http://ypsite.net/innovacion_en_cultura.html

[5] Como podrían hacer los coolhunters, que se dedicaban a “cazar tendencias” paseándose por la ciudad para -por ejemplo- la industria de la moda, fijándose en la manera de vestir, los peinados o en la manera de hablar, etc. de los adolescentes, una máquina desbordante de creatividad.

[6] Para una buena definición del término crowdsourcing, visitar la plataforma de producción colectiva de referencia ;) http://es.wikipedia.org/wiki/Crowdsourcing

[7] Sinceramente, no sé si sería mejor ahorrarme las comillas en todos estos términos ya que voy a tener que acudir a ellas todo el rato para relativizar su contenido y acentuar su uso meramente retórico, en cualquier caso, para mi comodidad y la vuestra, improvisaré sobre la marcha..

[8] http://www.fiatmio.cc/es/2009/08/escapamento/

[9] Que estos usos del crowdsourcing pueden ser una vía para “democratizar el mercado” o que puede ayudar a gente que por currículum nunca accedería a un trabajo creativo en una gran compañía, son argumentos defendidos durante mucho tiempo por gurús de la economía neoliberal y por asesores de la “nueva economía”.

[10] Es lo que se ha denominado el prosumidor http://es.wikipedia.org/wiki/Prosumidor una unión entre los términos consumidor y productor que acentúa la disolución de barreras entre lo productivo y lo reproductivo, entre el consumo y la producción, entre el proveedor de contenidos y el consumidor de los mismos, etc.

[11] Un proceso que describía de forma muy clara la metáfora que comentaba Rafa Milán durante la sesión de trabajo del Llibre Verd: el deseo de la institución de pasar de comportarse como una “cosa” y pasa a relacionarse con su entorno como “persona”

[12] Es interesante ver el libro “Producción cultural y prácticas instituyentes” editado por Traficantes de Sueños , que es una compilación de texto rescatada del proyecto Transform del EIPCP http://transform.eipcp.net/ El libro se puede descargar en http://www.traficantes.net/index.php/trafis/editorial/catalogo/coleccion_mapas/produccion_cultural_y_practicas_instituyentes_lineas_de_ruptura_en_la_critica_institucional/

[13] http://d-evolution.fcforum.net/ 
[14] http://www.eu2010feic.org/index

[15] En el siguiente enlace se puede encontrar información básica sobre la “Ley Sinde”  http://www.20minutos.es/noticia/603967. Para conocer la campaña que sigue en marcha contra esa ley visitar http://internettienememoria.blogspot.com/

[16] http://ec.europa.eu/culture/our-policy-development/doc2577_en.htm

[17] Para un análisis profundo de qué significan y qué suponen las industrias creativas y otros modelos que se alejan de este paradigma neoliberal se puede descargar la investigación “nuevas economías de la cultura” que realizamos desde YP http://ypsite.net/recursos/investigaciones/documentos/nuevas_economias_cultura_yproductions.pdf

[18] Michel Foucault analiza con precisión clínica este proceso histórico de construcción de la razón económica a través de la economía política en el libro “El Nacimiento de la Biopolítica” (Ediciones Akal, 2009. Madrid) una rigurosa y fascinante genealogía del neoliberalismo y su pasado inmediato.

[19] Emmanuel Rodríguez de la Universidad Nómada explica este proceso de cercamiento de la inteligencia colectiva en este artículo http://biblioweb.sindominio.net/pensamiento/cercamientos.html

[20] http://red-sostenible.net/

[21] Como el ya mítico duelo Punset VS Sinde que a día de hoy roza las 200.000 visitas en youtube http://www.youtube.com/watch?v=lefG4P0_jRk

[22] http://p2pfoundation.net/The_Foundation_for_P2P_Alternatives

[23] Para ver o descargar la conferencia de Michel Bauwens ir a http://vimeo.com/10709027

[24] No es de extrañar que conceptos como sostenibilidad, participación, ecología, etc. nos generen desconfianza si son enunciados por organismos o prácticas que reproducen viejos modelos y que no interiorizan el significado real de este léxico.

[25] Más que como modelo a reproducir, es interesante ver como práctica sugerente los sistemas que se han llevado a cabo en contexto como Sao Paulo a través de los “Pontos de cultura”. La intención de esta red de infraestructuras es detectar lo que ocurre en cada contexto, fomentando las comunidades que se han ido generando alimentando y potenciando sus prácticas a través de estos recursos. Como digo, es un modelo sugerente, ya que evidentemente, la escasez de un contexto como Barcelona no se centra en una falta de recursos o instalaciones http://www.artetransformador.net/sitio/index.php?option=com_content&view=article&id=66%3Apontos&catid=25&lang=en. Este, entre otros ejemplos, los analizamos en la investigación de YP “Nuevas Economías de la Cultura” que se puede descargar aquí http://ypsite.net/investigacion.php?id=3

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