Archivo de la categoría: textos

Innovación social: ¿más sociedad o más mercado?

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En este artículo, escrito junto a Joan Subirats, presentamos diferentes perspectivas entorno al concepto innovación social. Parece bastante claro que hay una creciente recuperación y resgnificación de todo lo que tiene que ver con empoderamiento personal y colectivo. Y este proceso no lo podemos imaginar al margen del debate más amplio sobre el papel del Estado (como concepto que engloba de manera general el conjunto de poderes e instituciones públicas) en las sociedades contemporáneas. En efecto, la globalización económica y la desterritorialitzación que genera (en las relaciones entre poder y capital financiero y capacidades reguladoras de unas instituciones públicas precisamente definidas por su alcance y soberanía territorial), hace que las relaciones y los conflictos sociales se den de manera más directa, sin las capacidades de intermediación y redistribución que acostumbraban a tener los poderes y las instancias públicas.

Las principales preguntas que buscamos responder con este artículo son: ¿qué orientación política supone cada una de las perspectivas que hay sobre la innovación social?, ¿la innovación social es una nueva «tercera vía» entre estado y mercado?, ¿la innovación social es más sociedad o más mercado?

Acceso al artículo completo en academia.edu: Innovación social: ¿más sociedad o más mercado?

Los guardianes de la excelencia

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artículo publicado en Nativa

En la cultura siempre hay guardianes de la excelencia. Creen ser los custodios de los valores que nos constituyen como seres civilizados o como seres modernos. Los amos del calabozo. Aparecen una y otra vez de manera cíclica pero con pintas diferentes. Qué sería de nuestras vidas sin esos tutores morales. Qué sería de nuestra piel si esos guardianes de la excelencia no nos dijeran cómo debemos cultivarnos.

«Hoy en día, existe también una Nueva Derecha que habla de excelencia, de valores humanistas, con el mismo aire; que ve manifestaciones menores como muestra de ‘anarquía’ y ‘caos’ a las que opone en nombre de la razón, la cultura, la educación». Esto escribía Raymond Williams en The Spokesman, en 1970. Un año antes, en Manchester, hacía una conferencia con las mismas reflexiones acompañadas con un nivel de cabreo milimetrado. Ese tipo de cabreo que exigen las cosas que uno considera importantes. Entre otros, las palabras de Williams iban dirigidas a Mathew Arnold, uno de los grandes exponentes de la teoría cultural burguesa. Es curioso. Más que cabreo, he sentido un escalofrío al volver a leer esas críticas de Williams. Retomo el episodio del que nacía esa reacción frontal de Williams hacia Arnold, creo que es bastante revelador.

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Enfoques de la innovación social

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innovacionSocial-debatepolitico

Dejo aquí unas tablas con diferentes enfoques de la denominada «innovación social». Estos contenidos provienen de la literatura que estuve revisando para un trabajo de investigación en el que intenté ordenar ese conjunto de nociones. Analicé diversos rumbos teóricos y casos prácticos que me ayudaron a construirlas.

El objetivo no era tanto aportar claridad a un posible debate terminológico, sino ir situando el modelo social que expresa cada enfoque de la innovación social. De hecho, ya sea en la innovación social o en general, lo que es revelador de cada discurso no es su capacidad para describir un proceso social, sino su capacidad para producirlo. Y, en gran medida, mi intención es esa: analizar qué realidad se quiere producir con cada uno de los enfoques de la innovación social. En concreto, los casos prácticos que he estado mirando pertenecen a las políticas públicas que fomentan la innovación social.

Actualmente estoy haciendo uso de estas tablas para mi tesis doctoral, mirando de cerca programas públicos que fomentan la innovación social en Barcelona, Madrid y Bilbao. Es una de las herramientas que estoy utilizando y rediseñando según sigue el curso de esta investigación. Si pueden ser útiles para otros trabajos o si a alguien le apetece comentarlas o contrastarlas con otras propuestas, encantado!

Toda crítica más o menos argumentada será MUY bien recibida, tan solo añadir en mi defensa que es una propuesta tentativa. Si lo comprendiera del todo, no estaría investigando 😉

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Tu cultura es algo ordinario

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Artículo originalmente publicado en Nativa.cat

Hace algunos años, un reputado violinista estadounidense interpretó varias piezas de música clásica en el metro de Washington. Fue en la estación l’Enfant Plaza, en el barrio Southwest Federal Center de Washington D.C, un distrito comercial repleto de oficinas del gobierno estadounidense.

Nadie lo sabía, pero a las 7:50h de la mañana y durante una hora, la gente que se dirigía apresuradamente a su trabajo se iban a cruzar a «uno de los mejores intérpretes de música clásica en el mundo tocando algunos de los temas más elegantes de la música jamás escritos con uno de los violines más valiosos jamás construidos». El músico era Joshua Bell, los temas eran de Johann Sebastian Bach y el violín era un Stradivarius tasado en 3 millones y medio de dólares.

El tinglado estaba organizado por The Washington Post y fue narrado como un “experimento social” con el objetivo de contestar la siguiente pregunta: En un momento inoportuno y localizada en un escenario banal, ¿trascendería la belleza? En un contexto incongruente, ¿podría la gente común reconocer a un genio?. Y, Oh sorpresa, resultó que no Seguir leyendo Tu cultura es algo ordinario

Artículo: Internet y política (versión 1.0)

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Este artículo forma parte de un proceso de investigación más amplio realizado por el grupo de investigación IGOPnet y otros investigadores externos que han colaborado. El objetivo general era hacer una revisión de la literatura existente sobre las relaciones entre jóvenes, Internet y política, así como un desglose detallado de diferentes metodologías y formas de investigación en red. El objetivo particular del presente texto es situar las diferentes formas de política que emergen de la red alejándose de pensar Internet como mero objeto técnico o como dispositivo externo a las realidades sociales que atraviesa.

Finalizado en diciembre del 2013, la compilación de artículos que resultaron constituyen un trabajo preparatorio para una investigación que actualmente estamos diseñando. Esa investigación estará centrada en la incidencia que la red tiene sobre formas tradicionales de organización política así como en el análisis de nuevas formas organizativas que surgen con y desde la red.

Esta investigación ha sido financiada por el Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud de la FAD a quienes agradecemos su inestimable colaboración y confianza.

También se puede descargar en academia.edu o, sin registro, en el siguiente enlace: http://leyseca.net/PDFs/INTERNET_y_POLITICA_v01_rubenmartinez_igopnet.pdf

Internet y política (versión 1.0). Política para la red, política con la red, política desde la red by Rubén Martínez

Lo normal

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texto originalmente publicado en la columna “lotería de palabras” de Nativa.cat

Llevo 15 años viviendo en el Raval de Barcelona. Muchos de los relatos que corren sobre lo que se cuece en el barrio, tanto los más oscurantistas como los más trendies, quedan lejos de su heterogeneidad. Son meras fabulaciones que no logran captar la complejidad de un contexto que durante los últimos 20 años ha padecido todo tipo de intervenciones quirúrgicas. Los diversos procesos de higienización, estigmatización, y los planes urbanísticos para fomentar la gentrificación, han sido edulcorados con inyecciones culturales y endorfinas creativas. Intentos por normalizar aquello que se considera un problema. Intentos para poder gobernar mejor lo otro. Intentos que, en parte, han sido frustrados.

Según algunos estudios realizados a principios de los dosmiles sobre el barrio, mi perfil coincidiría con el de un “gentrificador recién llegado”. Menudo planazo. Prometo que en aquel momento no tenía ni idea. Siempre se me tuerce la expresión al verme cerca de caracterizaciones que aparecen en textos como ‘Cultura y transformación social en la Barcelona central’ (2004):

«¿Cómo caracterizaríamos a estos recién llegados? Si tuviéramos que hacer un retrato sociológico podríamos decir que suelen tener estudios superiores (más de la rama de letras que de la de ciencias), no suelen ocupar posiciones dominantes o privilegiadas dentro de las profesiones intelectuales, no son empresarios y no ocupan puestos de decisión significativos. Son, pues, personas que parecen estar un poco al margen de las dinámicas económicas habituales. Se dividen entre estables (trabajan para la Administración o para alguna institución) y precarios (en situación de espera de oportunidades) y algunos alargan en cierto modo la vida de estudiante haciendo pequeños trabajos o llevando una doble vida (un trabajo práctico ligado a una competencia concreta) que les permite continuar un itinerario artístico o intelectual

Como en todos los barrios de vida intensa, existen muchos Ravales. Pero son continuas las intervenciones para homogeneizar la vida del barrio, para normalizar las desigualdades sociales, para fomentar la substitución social, para culturizar y modernizar sus zonas degradas. El Raval siempre ha sido zona de pruebas para una de las formas más perversas de ingeniería social, la que utiliza la cultura como pretexto para limpiar y modernizar los barrios populares. Desde que llegué, hasta 15 años después. Antes y durante la crisis anunciada.

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El siglo de la fraternidad

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Dejo aquí el texto publicado en el Cultura/s de La Vanguàrdia en el especial «El siglo de la fraternidad«. Una breve compilación donde comparto espacio y motivación junto a Ingrid Guardiola, Marina Garcés y Antoni Marí. El resto de las aportaciones, se pueden leer aquí (con versión en català de mi aportación).

Los bienes comunes, ¿una nueva ‘Gran Transformación’?
En el libro ‘La Gran Transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo’ (1944) Karl Polanyi realizó una dura crítica al liberalismo de mercado, una de las que más han perdurado. Polanyi nos recuerda que antes del siglo XIX, la sociedad no operaba como un accesorio del mercado. El mercado era un elemento secundario de la vida económica; el sistema económico estaba integrado en el sistema social.

El actual sistema de mercado como regulador social no surgió de manera natural ni tampoco vino provocado por una retirada de la acción estatal. Para producir una sociedad de mercado, o dicho de otra manera, para subordinar todos los propósitos humanos a la lógica de un impersonal mecanismo de mercado, fue necesaria una acción consciente y a menudo violenta del Estado. Como señalaba Polanyi «para que este proceso se organice a través de un mecanismo autoregulado de intercambio, el hombre y la naturaleza tendrán que ser atraídos a su órbita; tendrán que quedar sujetos a la oferta y la demanda, es decir, tendrán que ser tratados como mercancía, como bienes producidos para la venta». Vivencias y recursos que constituían un espacio de potencia social fueron convertidos en «mercancías ficticias»; el ser humano pasó a ser fuerza de trabajo para ser vendido al precio del salario, la naturaleza pasó a ser tierra para poder negociarse al precio de las rentas que produjera. Así se convirtió en producto de mercado lo que constituía la base de la vida comunitaria. La sustancia misma de la sociedad fue subordinada bajo la dirección de los precios del mercado. Esto es lo que Polanyi denomina, irónicamente, ‘La Gran Transformación’.

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Me encantaría, pero no me apetece

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texto originalmente publicado en la columna “lotería de palabras” de Nativa.cat

Comprometerse suena a lastre, a carga, a atadura. Oír hablar de compromiso hace saltar las alarmas de la autonomía individual. Debemos ser libres, independientes y autónomos. El primer paso para comprometerse es medir si nos cuadra con nuestro código privado o si es suficientemente placentero como para invertir en ello. Hay que sacrificarse para uno mismo, hay que comprometerse con causas de ida y vuelta. La libertad se planifica, el compromiso se gestiona, la autonomía se decide. O por lo menos, así está grabado en piedra en el decálogo del buen emprendedor y así son las vidas contemporáneas deseables representadas en algunos medios.

Paradójicamente, vivimos en un momento de profundas desigualdades mientras tenemos que sentir que decidimos en plena autonomía. Hemos generado anticuerpos hacia el compromiso ya que se presenta como elemento central de una vida gobernada por un «afuera», una vida no deseable ya que contiene ataduras que uno ni elige ni controla. Actitudes hedonistas, individualistas, basadas en la búsqueda de autonomía plena que intentan negar la vulnerabilidad e interdependencia propia de la existencia. Cuidado, que el compromiso es sumisión. Así lo retrata Phoebe, una de las protagonistas de la serie Friends. En uno de los capítulos, Phoebe lanza un comentario que resume de manera sorprendente gran parte de esta doxa. Frente a la petición de ayuda de sus amigos en un momento de necesidad, Phoebe cierra la secuencia con un «Me encantaría, pero no me apetece»

Descubrí este gag y su enjundia cuando Carolina del Olmo lo citaba en su maravillosa charla del Festival ZEMOS98. Durante su exposición, Carolina comentaba que «El chiste reside en que Phoebe confunde dos ámbitos radicalmente distintos, el de las preferencias con el de la obligaciones. Uno no hace un favor a un amigo porque le apetezca, lo hace porque se siente obligado. Por supuesto es estupendo que te apetezca aquello a lo que estás obligado, pero no tendría que ser una razón para ello.»

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En deuda con una dulce comunidad

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texto originalmente publicado en la columna “lotería de palabras” de Nativa.cat 

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1. Dulce trabajo

Mi familia ha trabajado toda su vida en un oficio tan apasionado como sufrido, la pastelería artesanal. Mi padre, siempre cerca de un horno y un rodillo. Mi madre, tras un mostrador atendiendo al público y dedicada casi en solitario a las tareas domésticas. Lo apasionado de este oficio seguro podéis intuirlo. Hacer todo tipo de postres, bollería o repostería artesanalmente es algo que te inyecta vocación aunque te resistas. Lo sufrido, entre otros detalles no menores, horarios de trabajo infernales.

Todos los días fijados como festivos en el calendario, se marcan en varios círculos rojos en la agenda laboral de una pastelería. Esos días, cuando casi todo el mundo descansa, en las pastelerías se solapan turnos de trabajo que harían saltar en pedazos cualquier máquina para fichar. Las cocas para la verbena de San Juan, turrones, polvorones y cestas para la campaña de Navidad, monas de Pascua para la Semana Santa y así un largo etcétera que cubre todos los días festivos del año. Todo eso significa hacer horarios interminables para servir productos del día. En una pastelería se madruga mucho. Muchísimo. Y si es un negocio propio y de base familiar, la jornada laboral, literalmente, no tiene fin.

Durante una época lo viví en primera persona. Antes y durante mis estudios de grado en la facultad, colaboraba trabajando algunos fines de semana y festivos y, en fin, es un trabajo duro. Imaginad la cara de poker que siempre se nos quedaba cuando alguien, tras decirle que trabajábamos en una pastelería, soltaba la reiterada ocurrencia: «¡Qué trabajo más dulce!». Dulce es el azúcar, el trabajo es otra cosa. Pero si cuento todo esto no es para pedir un monumento para mi familia –que también– sino para conectar algunas singularidades de este oficio con temas que ahora investigo. Hay cosas de ese gremio que no percibía como una influencia, pero mucho me temo que sí lo son. Por un lado, cuestiones relacionadas con el conjunto de saberes comunitarios que hacen posible vivir de la pastelería artesanal. Por otro lado, un tema algo más complejo pero que podría resumir como los procesos de innovación derivados de una empresa centrada en el trabajo artesanal.

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La lógica y la curiosidad

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Relato originalmente publicado en la columna «ho deixo anar» de Nativa.cat

En junio de 1992, cuando el Departamento de Sociología de la Universidad de Berkley ya llevaba décadas analizando las tendencias del comportamiento humano en situaciones cotidianas, se puso en marcha un nuevo experimento. Después de miles de datos acumulados, regresiones de todo tipo y conclusiones más o menos variopintas, una última investigación dejó de pasta de boniato a los miembros de la comunidad académica. La investigación se centraba en analizar si, en una situación de libre elección, las personas tomamos decisiones que están determinadas por límites autoimpuestos o que hemos interiorizado como “lógicos”. Los experimentos fueron múltiples, pero uno que se repitió en diversas ocasiones y diferentes ámbitos geográficos mostró una situación realmente anómala. El experimento partía de no poner límite al número de bolsitas de ketchup que un cliente de Burguer King podía pedir. La cosa funcionaba de la siguiente forma:

Una persona entraba en un Burguer King y pedía un menú. Los empleados de la hamburguesería, en lugar de dar 2 bolsitas de Ketchup por defecto, habían recibido orden de cambiar el protocolo: «¿Cuántas bolsas de Ketchup quiere?». El cliente podía entonces decidir libremente la cantidad de bolsitas de Ketchup que quería. Junto a esa orden, el servicio también había recibido una importante segunda aclaración: no existe límite de bolsitas. Para que el experimento funcionara bien, no había que avisar al cliente de esas premisas. Su decisión debería ser espontánea, viendo así si daba por hecho que lo normal (pedir 2 o 3 bolsitas de ketchup) funcionaba como norma. Si el cliente pedía 2, se le daban 2 bolsitas, si pedía 5, se le daban 5, si el cliente pedía 180, se le daban 180 dosis embolsadas de Ketchup Prima. Dado el caso, si el cliente se mostraba sorprendido al recibir tantas decenas de dosis como había pedido, no había que informar del experimento. Tan solo responder que era «una nueva de política de la casa».
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