“Dejadnos hacer política con la cultura”

Artículo publicado en eldiario.es

En 2008, un pequeño grupo de personas del sector cultural se manifestó delante del Teatre Kursaal de Manresa (Barcelona) durante la entrega de los Premis Nacionals de la Cultura de Catalunya. El entonces consejero de Cultura de la Generalitat, Joan Manuel Tresserras, hizo un gesto que dejó boquiabierto a todo el mundo. Acabada la ceremonia, bajó a hablar cara a cara con quienes le increpaban por elegir a dedo al director del Centro de Arte Santa Mónica, espacio ubicado al final de Las Ramblas de Barcelona.

Los manifestantes esgrimían que esos modos de hacer eran una forma de secuestrar el debate sobre la función pública de la cultura en la ciudad. El conseller aguantó estoicamente todas las interpelaciones y contestó una por una a todas las preguntas.

Dejando a un lado esa actitud sorprendente en un político, dispuesto a dar explicaciones de primera mano, lo relevante fue uno de sus argumentos clave. Para justificar su decisión, Tresserras fue directo a la rebaba de las políticas culturales. “Dejadnos hacer política”, dijo. O lo que es lo mismo, ¿acaso no es legítimo que el conseller de Cultura haga política con la cultura? Se supone que alguien designado para pensar e implementar políticas de lo considerado “cultural” debería poder hacer justo eso.

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La innovación social es de clase media

Artículo originalmente publicado en Nativa.cat

Hemos escuchado con insistencia absurda que la crisis es una oportunidad. Si uno se para a contar las veces que ha oído eso es posible que sean tantas como el típico “¿qué tal va todo?” o incluso el “buenos días”. También es cierto que depende del numero de conferencias TEDx que hayas visto en directo o en youtube, en ese caso, el número se dispara a lo loco.

El sustento de esta afirmación a veces se decora con una argumentación bastante bizarra: “crisis, en japonés, también significa oportunidad”. He escuchado varias veces esa frase acompañada con un tono entre turbio y pedante. Algo tipo “no habías pensado en el japonés mientras ves cómo desahucian a la gente, verdad chaval?”. Creo que todos tenemos ese tipo de manías que, por su nivel de tontería, son inconfesables. Una de las mías es que no soporto cuando se acude a la etimología de otros idiomas para argumentar un proceso político de escala macro o cuando se empieza un texto con una definición de la RAE. Como si hubieran instituciones neutras que contienen dosis de verdad atemporales de las que puedes echar mano para explicar el carácter de una crisis sistémica. Es una tontería. Seguro que no todo el mundo que acude al japonés para analizar cualquier cosa es una mala persona. Manías.

El caso es que hace unos días me saludaba de nuevo esta frase. Fue durante una conversación con una de las personas que coordina el Hub Madrid, un espacio de trabajo compartido ubicado en el Barrio de las Letras. En esta ocasión, la frase salía para ser desmentida. La coordinadora de comunicación del Hub Madrid me decía: «que la crisis es una oportunidad muchas veces sirve para disfrazar los niveles de precariedad que padecemos quienes intentamos encontrar una forma de autoempleo digna. La crisis es lo que es, pero hacemos lo que podemos para poder vivir en todo tipo de condiciones». Hice tres pliegues con mi prejuicios, los apreté fuerte con las dos manos, me los tragué y seguí escuchando. Pensé que en este espacio de co-working de emprendedores sociales situado en un barrio céntrico encontraría el típico discurso insulso, de pensamiento feliz, acomodado y cargado de optimismo emprendedor. Y no fue así. Sigue leyendo

curso sobre materialismo y cultura

Por si puede interesar, dejo aquí información del curso sobre materialismo y cultura que hemos lanzado desde Nociones Comunes Barcelona. El curso parte de un conjunto de preguntas como: ¿puede el materialismo ayudarnos a pensar la cultura? ¿qué nos puede ofrecer ahora mismo el materialismo?Jaron Rowan y yo mismo coordinamos este curso en el que participará  gente como Amador Fernández Sabater, Nizaia Cassian, Jaime Palomera, Lucia Lijtmaer, Tomás Sánchez Criado, Daniel López, Nuria Vila Alabao, Jara Rocha y Pau Alsina y contaremos con la relatoría gráfica de Carla Boserman.

El curso empieza el próximo martes 28 de octubre y consta de 6 sesiones que se realizarán de 19:00 a 21:00 en C/Sant Vicenç, 33 (Raval, Barcelona)

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Enfoques de la innovación social

Dejo aquí unas tablas con diferentes enfoques de la denominada “innovación social”. Estos contenidos provienen de la literatura que estuve revisando para un trabajo de investigación en el que intenté ordenar ese conjunto de nociones. Analicé diversos rumbos teóricos y casos prácticos que me ayudaron a construirlas.

El objetivo no era tanto aportar claridad a un posible debate terminológico, sino ir situando el modelo social que expresa cada enfoque de la innovación social. De hecho, ya sea en la innovación social o en general, lo que es revelador de cada discurso no es su capacidad para describir un proceso social, sino su capacidad para producirlo. Y, en gran medida, mi intención es esa: analizar qué realidad se quiere producir con cada uno de los enfoques de la innovación social. En concreto, los casos prácticos que he estado mirando pertenecen a las políticas públicas que fomentan la innovación social.

Actualmente estoy haciendo uso de estas tablas para mi tesis doctoral, mirando de cerca programas públicos que fomentan la innovación social en Barcelona, Madrid y Bilbao. Es una de las herramientas que estoy utilizando y rediseñando según sigue el curso de esta investigación. Si pueden ser útiles para otros trabajos o si a alguien le apetece comentarlas o contrastarlas con otras propuestas, encantado!

Toda crítica más o menos argumentada será MUY bien recibida, tan solo añadir en mi defensa que es una propuesta tentativa. Si lo comprendiera del todo, no estaría investigando ;)

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Los perdedores también crean

Artículo originalmente publicado en el blog del CCCB Lab

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En una conversación con la comisaria de arte Nancy Spector, Maurizio Cattelan aseguraba no considerarse a sí mismo como artista. Más bien, un trabajador del ámbito artístico que, por una cadena de casualidades, había ido a parar a ese circuito. Pese a lo fortuito de su carrera, Cattelan señalaba que le resultaba muy agradecido trabajar en una profesión donde «se puede ser un estúpido y la gente te dice –Oh, eres muy estúpido: gracias, gracias por ser así». Debido a su insistente bufonería y por algunas intervenciones acusadas de buscar la provocación fácil, este artista italiano ha sido criticado reiteradamente por confundir transgresión con cinismo. También es cierto que la sátira tiene cada vez menos adeptos, pero, sin importar ahora mismo la motivación de sus acciones, hay que agradecer a Cattelan que insista en quitarle el halo místico al trabajo creativo. O, todavía mejor, que busque en la estupidez un espacio creativo.

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Tu cultura es algo ordinario

Artículo originalmente publicado en Nativa.cat

Hace algunos años, un reputado violinista estadounidense interpretó varias piezas de música clásica en el metro de Washington. Fue en la estación l’Enfant Plaza, en el barrio Southwest Federal Center de Washington D.C, un distrito comercial repleto de oficinas del gobierno estadounidense.

Nadie lo sabía, pero a las 7:50h de la mañana y durante una hora, la gente que se dirigía apresuradamente a su trabajo se iban a cruzar a «uno de los mejores intérpretes de música clásica en el mundo tocando algunos de los temas más elegantes de la música jamás escritos con uno de los violines más valiosos jamás construidos». El músico era Joshua Bell, los temas eran de Johann Sebastian Bach y el violín era un Stradivarius tasado en 3 millones y medio de dólares.

El tinglado estaba organizado por The Washington Post y fue narrado como un “experimento social” con el objetivo de contestar la siguiente pregunta: En un momento inoportuno y localizada en un escenario banal, ¿trascendería la belleza? En un contexto incongruente, ¿podría la gente común reconocer a un genio?. Y, Oh sorpresa, resultó que no Sigue leyendo

Pragmatismo en la incertidumbre

Artículo originalmente publicado en Nativa.cat

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“Cambia el chip, no se puede pedir todo. Sé pragmático, visualiza objetivos concretos”

No es un libro de autoayuda ni la dieta de los siete días, es el fondo de un mensaje que crece en las instituciones públicas. Como un progenitor que quiere controlar los deseos infantiles de abrazar las nubes, estas instituciones han dado con una fórmula que creen calmará los ánimos.

Eso expresan algunas de las tendencias en las políticas públicas de Barcelona. Todas contienen un tono similar: el cambio vendrá si centráis vuestros esfuerzos en cosas pequeñas. Ahí sí nos entenderemos. Cosas “pequeñas” como la gestión comunitaria de algunos equipamientos en desuso, la cesión temporal de solares urbanos para prácticas ciudadanas o el apoyo a emprendedores sociales que respondan a demandas que antes se asistían desde la administración.

Es la versión frustrada del refrán popular: a grandes males, pequeñas soluciones. O la frase mítica del Capitán Lechuga: los pequeños cambios son poderosos. Acostumbrados como estamos en Barcelona a las formas de instrumentalización institucional, esto promete camuflar algo turbio y perverso, el típico regate institucional donde ceder un poco puede ayudar a equilibrar el conflicto social. Pero en todo esto también se masca una dosis alta de candidez institucional. Porque nada es pequeño si se anida en procesos que tienen largo recorrido. Porque el pragmatismo tiene muchas tonalidades y en este contexto los objetivos concretos pueden escalar de manera vertiginosa.

Miremos tres ejemplos de políticas públicas en Barcelona que buscan ese pragmatismo y el mensaje que llevan detrás. Acciones públicas con mensajes de los que existe plena conciencia y que, más que una instrumentalización unidireccional, prometen incrementar el pulso de fuerte cambio social en el territorio urbano.

Primera acción: repensar lo público.

Hace poco, el Ayuntamiento de Barcelona junto al think tank Citymart.com, lanzó el Barcelona Open Challenge. Esta llamada para emprendedores quiere dar «soluciones innovadoras a seis retos diferentes para transformar el espacio público y los servicios de la ciudad». La propuesta está dentro del programa de crecimiento económico lanzado por CIU bajo el plan Barcelona Growth. Con este programa se argumenta que las ciudades van a «invertir menos recursos públicos y a obtener más efectos en la sociedad, creando comunidades más sostenibles, con más resiliencia y participación

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El contrapoder como sentido común

Artículo originalmente publicado en Nativa.cat

No a todos los jóvenes les gusta el 15M. Algunos dudan sobre si el 15M «ha servido para algo». Algunos creen que no ha sido un proceso exitoso por su «falta de resultados». Otros creen que las movilizaciones actuales «han servido para concienciar un poco pero todo sigue igual».

Estas citas están extraídas de opiniones reales lanzadas durante unos grupos de discusión con jóvenes de entre 16 y 25 años. En total, cinco grupos de diez personas realizados apenas hace unos meses en Madrid y Barcelona [1]. En todos los grupos había paridad de género, estaban formados por jóvenes que habían cursado la ESO pero que no habían finalizado estudios de grado y, en todos los casos, tenían conexión a internet en casa. El tipo de selección permitió recoger voces plurales, con visiones diferentes de su entorno social. Grupos en los que hablábamos durante dos horas sobre formas de comunicación y acción colectiva, sus preferencias y valores personales o comunitarios y sus usos más o menos intensivos de Internet. Conversaciones en las que algunos tópicos parecían asomarse, algunos se escurrían y otros invertían su sentido.

De entrada, podrían chocar las visiones escépticas frente al 15M si las comparamos con las encuestas que han ido apareciendo y señalando una alta aceptación social. Pero a pesar de esas opiniones, a pesar de encontrar algunas expresiones que ponían en duda la utilidad del nuevo ciclo de movilización social, eran jóvenes 15mayistas. No, no es una contradicción. El tema clave es que en todos los grupos era palpable un imaginario crítico fruto de la ola de acción social. Una serie de recursos de análisis críticos producidos socialmente que genera agarraderas conceptuales y una mirada destituyente frente al poder político y mediático pero que, a su vez, parece que no logra borrar la incertidumbre con la que viven el día a día.

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Las tecnologías son la muerte. Los jóvenes son zombis

Texto publicado en Nativa.cat


A menudo cojo los ferrocarriles desde Plaça Catalunya donde siempre suben grupos de estudiantes de entre 15 y 20 años que bajan en el polígono de Sant Joan. La mayoría tienen móvil, y es frecuente ver escenas de 5 o 6 chavales que lo usan intensivamente mientras llegan a su destino. Algunas personas más mayores suelen quedarse eclipsadas con la situación. Las caras de estupefacción de adultos mirando a chavales que miran pantallas casi hablan por sí solas. Yo miro a los adultos que miran a los chavales que miran a las pantallas. Observar a quien mira siempre explica cosas de tu entorno o, más bien, es la excusa que me doy para ser, sin angustias, un voyeur metropolitano. El caso es que hay gente que además de contemplar la escena, expresa sus sensaciones en voz alta. En Barcelona pasa pocas veces, pero pasa.Hoy ha sido uno de esos días.

Una persona de unos 60 años, mientras estaba mirando a los jóvenes que miran pantallas, ha lanzado un comentario dirigido a su acompañante pero sin apuro porque le oyera todo el vagón: “madre mía, cómo ha cambiado todo”. Ése clásico. Su acompañante, ha arriesgado un poco más en la respuesta. Si bien innovador pero más cuidadoso, ha susurrado: “Parecen enfermos..”. Llamarles enfermos dejaba el listón alto, pero el punto álgido lo ha traído otro espontáneo. Alguien que no parecía conocer ni a uno ni a otro –la cercanía mañanera en el transporte público facilita momentos de tuteo– se ha tomado la libertad de sumarse al escarnio con algo bastante turbio: “Bueno, pero por lo menos ahora hablan con alguien”. Por lo menos ahora hablan con alguien. Ojo con eso. Asimila el diagnóstico enfermos y golpea en la nuca. Nadie ha añadido más matices y el último tertuliano ha bajado en la parada Muntaner. Los demás hemos seguido haciendo lo que veníamos haciendo, mirar o mirar a quien mira.

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En una palabra: democracia

Texto publicado en Nativa.cat.

«Escuchad una palabra que para mi y a partir de ahora para todos va a ser muy importante: baloncesto»

Pepu Hernández, el entonces seleccionador del equipo español, dijo esto cuando ganaron el Mundial del 2006. No sonaba ridículo, ni absurdo, ni ingenuo. Más allá de lo simpático que resulte el baloncesto, las selecciones o los mundiales, en esa frase asomaba algo potente. Lo que se decía era simple: “jugamos a esto, parece que lo hacemos bien, tal vez el baloncesto sí que importa”. O más simple: “Hola, estamos aquí”. Un toque de atención, un aviso, una alerta para aquellos que pensaban que toda esa energía simplemente no existía. Un gesto que se basa en una manera particular de subrayar lo obvio y que por eso se vuelve poderoso. Poderoso porque es una reivindicación tan sencilla y humilde como amenazante y empoderadora.

«Escuchad una palabra que para nosotrxs y a partir de ahora para todxs va a ser muy importante: democracia»

Esto dijo el #15M al transmitir una manera de entender la Democracia que ya no tiene marcha atrás. La Democracia ya no significa simplemente votar cada 4 años, sino autogobierno y control sobre el poder, bienestar y justicia social, derechos sociales e instituciones de garantía. También valores compartidos y prácticas directas de gestión de lo común, procesos de deliberación permanentes en todas las escalas de gobierno e instrumentos para rediseñar normas que se adapten a nuevos procesos sociales. La Democracia vuelve a tomar pleno sentido. Subrayando lo obvio dijimos: “Hola, estamos aquí.” Una reivindicación tan sencilla y humilde como amenazante y empoderadora. Hoy democracia ya no significa votar a un candidato ni es sinónimo de un tedioso espacio de rifirrafes entre partidos políticos que creen monopolizar las competencias técnicas para gobernarnos. Hoy la democracia es un cambio en las reglas de juego. Esa idea de democracia ya forma parte del sentido común, justo eso fue lo que ganamos.

Más democracia, una democracia genuina o una mayor profundización en los valores democráticos, supone entonces practicar algo constituido por diferentes dimensiones. La democracia es tanto una actividad cívica como un nuevo régimen; otra forma de sociedad emergente que inventa un modo de gobierno. Esos cambios en nuestra cultura democrática empiezan a perfilarse ya como un hecho, pero los cambios en las reglas del juego son todo un reto.

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Blog de Rubén Martínez Moreno